VERÁZ: Camaradas redentores…

Se dice que los ladrones respetan la propiedad. Sólo desean que la ajena se convierta en propia para respetarla mejor. Gilbert Keith Chesterton

Cual mosqueteros, se ven muy activos a Miguel Rodríguez Torres, sombrío ex jefe de los Servicios de Inteligencia; Rafael Ramírez (el Choro Rafa) y Luisa Ortega Díaz, “Mi Reina”, con su Dartañan, German Ferrer, por más esfuerzo que hacen no logran convencer, están invirtiendo un dineral, robado, por supuesto, no de su peculio, para hacer prevalecer una percepción inducida, falsa e interesada en torno a sus supuestas buenas intenciones, que de buenas no tienen nada, le cogieron gustico al poder y ahora quieren volver por más, en el fondo ese es el propósito real de quienes insisten en presentarse como nuestros redentores. Esas circunstancias arrojan dudas sobre iniciativas orientadas a recuperar la democracia en nuestro país, en la cuales estos grises personajes han tomado parte protagónica.

Una pregunta necia. ¿Puede una sanguijuela abandonar su condición de parásito? Antes de responder debo aclarar, coloquialmente sanguijuela es una “Persona que se aprovecha de otra, explotándola laboralmente o apoderándose de su dinero poco a poco”, cualquier parecido con la conducta exhibida por nuestros cuatro personajes durante el ejercicio de funciones públicas no es mera coincidencia. En consecuencia, la repuesta a la pregunta necia es proporcional a la valoración objetiva de las consecuencias nefastas del paso de estas cuatro personas por el gobierno, tomando en consideración que el costo social de sus ejecuciones es incalculable, frente a tales barbaridades nocivas para la democracia y la paz social no vale propósito de enmienda, menos pretender ser redentores de sus víctimas, que si a ver vamos somos todos los que habitamos esta tierra de gracia.

Decir que deben responder ante la justicia no sería lo correcto, pues significa darles concesiones que no se merecen, les corresponde enfrentar el monstruo que contribuyeron a engendrar torciendo la recta administración de justicia hasta convertirla en el mecanismo de linchamiento y lucro personal que es hoy en día la justicia penal, obvio, sabiendo a lo que se exponen, optan por la vía más fácil, luchar desde el exterior, desde la clandestinidad o colaboracionismo, con las comodidades y confort que les dan sus fortunas mal habidas, porque en caso de dar la cara bien saben que les espera el mismísimo Infierno de Dante Alighieri, ni más ni menos, porque en eso convirtieron al Sistema Judicial venezolano, en un infierno, principalmente, “Mi Reina”, Luisa Ortega Díaz y su marío, el Chino Ferrer.

La imagen del instigador Maximilien Robespierre muriendo guillotinado, acusado de traición, como ellos, los inquieta día y noche, así como la guillotina se convirtió en el instrumento y el símbolo de la política de terror que la Revolución Francesa desencadenó contra sus enemigos interiores, de igual forma hicieron aquí con la justicia penal, y estos tres mosqueteros y el improvisado Dartañan estuvieron en primera fila aupando tal aberración, y fieles a su obligación de defender la Revolución de sus enemigos, concluyeron que estaba justificada la descomposición del Poder Judicial para privilegiar el manejo político de casos para incriminar o liberar a un acusado, pero primordialmente para ajusticiar, siempre y cuando el ejecutado fuese un enemigo, como los cientos de presos políticos que continúan tras las rejas. Como todo en la vida se revierte, ahora ellos son los enemigos que evitan a toda costa correr la misma suerte de aquellos a quienes agraviaron arrebatándoles la presunción de inocencia.

Por estos días se han intensificado las ansias de figuración de estos fingidos redentores, siendo favorecido Miguel Rodríguez Torres con una inhabilitación después de sostener que el diálogo “sigue teniendo sentido” y que debe conducir a un “proceso electoral transparente”; el choro Rafa, en su plan de causar conmoción nacional para asegurar su candidatura presidencial afirmó tener información confidencial valiosa que haría tambalear al Gobierno, olvidando que decir que se tiene información de hechos de corrupción y callarla constituye el delito de encubrimiento, no podía ser de otra manera, sus niveles de actitudes delincuenciales lo hacen ser un inconsciente, claro, no tanto como Luisa Ortega Díaz y Germán Ferrer en su rol de financistas de “El Gran Acuerdo Venezuela”, creyendo que eso les da derecho de hablar de dignidad, de proponer restaurar el orden constitucional y democrático de Venezuela.

Sostengo lo dicho en mi columna anterior, con delincuentes como esos ni a la esquina, particularmente pienso que no podemos dejar en manos de personas de este talante la tarea de “generar una ruta de país”, la búsqueda de soluciones a la crisis política y humanitaria que atraviesa la nación, más que un error sería una ingenuidad, similar a la exhibida por Luisa Ortega Díaz y Germán Ferrer cuando abandonaron el barco chavista, como ratas, para luego salir huyendo porque hicieron un mal cálculo político. Bajo ningún concepto se debe aprobar iniciativas que incluyan a tales delincuentes, menos si sus propósitos se enaltecen desde un diario oficialista como lo es El Universal (http://www.eluniversal.com/noticias/politica/venezolanos-reunieron-bogota-para-recoger-propuestas-contra-crisis_685375), que bajo una aparente cobertura informativa aplica un sesgo confirmatorio de la tendencia oficial a favorecer recordando la información que confirma las propias creencias o maquinaciones de la mentada revolución.

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