Contacto Saludable: Todo lo que debes saber sobre el Herpes Zóster (culebrilla)

El herpes zóster es una infección aguda causada por el virus varicela-zóster (VVZ), que afecta sobre todo a adultos. Se caracteriza por el desarrollo de erupciones cutáneas en forma de ampollas o vesículas dolorosas, que se localizan siguiendo el trayecto de algún nervio inflamado también por el virus. Debido a esta particular disposición la infección se conoce popularmente como ‘culebrilla‘. En algunos países mediterráneos también se la llama fuego de San Antonio.

Este tipo de herpes está producido por el mismo virus que la varicela, siendo una reactivación de éste a nivel de los ganglios nerviosos donde permanece en estado latente para irrumpir en determinadas circunstancias de salud en forma de herpes zóster. Se conoce esta relación desde 1892 donde se observaron casos de varicela tras diversos contactos con personas con culebrilla. A pesar de que en el 95% de los individuos a los 18 años ya presentan anticuerpos frente al virus por la vacunación o por la infección causada por este virus, no todo el mundo va a desarrollar la afectación neurocutánea. Han de darse una serie de circunstancias para que esto ocurra (alteraciones del sistema inmune, bien transitorias bien permanentes por alguna enfermedad).

Iniciar un tratamiento antiviral adecuado de manera precoz disminuye las molestias y evita complicaciones muy dolorosas.

Incidencia del herpes zóster y pronóstico

El herpes zóster llega a afectar a alrededor del 20% de la población. Se puede presentar a cualquier edad, aunque lo más común es que aparezca en mayores de 60 años o personas con un sistema inmune mermado por alguna enfermedad o tratamiento médico.

En niños suele ser un proceso benigno, pero en el caso de los adultos puede convertirse en una enfermedad muy debilitante, ya que puede provocar grandes dolores. En el 4% de los casos reaparece un segundo brote de herpes zóster y hasta en un 30% en el caso de infectados por VIH.

Será importante determinar alguna causa oculta cuando un adulto joven desarrolle esta enfermedad, por ejemplo, un estudio que busque enfermedades malignas o infecciones debilitantes como la infección por VIH.

La afectación en niños menores de 2 años se cree que es consecuencia de un proceso de varicela de la madre durante el embarazo, es decir, infección intrauterina por el virus. También cabe reseñar que la aparición de un herpes zóster en la embarazada no supone ningún riesgo especial en el feto, aunque conviene no tratarlo con los antivirales destinados a este fin salvo en casos muy severos.

Virus Herpes-Zoster.

Por lo general, se trata de un problema que suele persistir aproximadamente un mes hasta que desaparece por sí solo, aunque sí pueden instaurarse medidas para tratar los síntomas. Sin embargo, en algunos pacientes inmunodeprimidos o de edad avanzada, puede aparecer alguna complicación, como la neuralgia posherpética, que puede llegar a ser incapacitante. Si el herpes afecta a la cara puede llegar a causar parálisis facial, problemas oculares, auditivos o encefalitis.

El paciente con herpes zóster suele contagiarse en la infancia. En este primer momento se desarrolla una enfermedad exantemática (con erupciones rojizas en la piel) que se conoce como varicela, y que constituye la forma inicial de infección del virus varicela-zóster. Después de que la varicela se haya resuelto, el virus queda latente durante años en los ganglios de los nervios dorsales del paciente. La reactivación de este virus, que estaba inactivado, es la causa del herpes zóster.

Los dos principales factores por los que el virus latente de la varicela brota y se manifiesta en forma de zóster son:

  1. La alteración funcional de la inmunidad, siendo el ejemplo claro el envejecimiento, donde el funcionamiento de este sistema como de otros se va deteriorando. Existen casos en adultos jóvenes y sin otras enfermedades, pero con situaciones debilitantes (nutricionales, estrés…) donde puede aparecer, aunque es obligado el estudio para excluir otros procesos.
  2. La alteración patológica del sistema inmune debido a medicación (corticoides, quimioterapia), tumores o infecciones como el VIH.

Es probable que la transmisión del virus se produzca por vía respiratoria. Se sabe que la varicela es una enfermedad extremadamente contagiosa; el paciente puede contaminar a otras personas desde un día antes hasta cinco días después de la aparición de las vesículas. Incluso algunos bebés cuyas madres padecieron varicela durante el embarazo han desarrollado herpes zoster durante los dos primeros años de vida.

Igualmente, los niños que tuvieron varicela antes de cumplir el primer año de vida tienen más probabilidades de sufrir este problema.

También se ha observado que algunos medicamentos, como algunos de los empleados en el tratamiento de patologías reumáticas como la artrosis podrían favorecer su aparición.

Entre los síntomas del herpes zóster podemos encontrar los siguientes:

  • Se producen vesículas dolorosas a lo largo del recorrido de algún nervio (más frecuentemente torácicos o lumbares). Normalmente afecta sólo a un lado del cuerpo. Estas vesículas pueden crecer durante tres-cinco días y acabar uniéndose unas a otras, formando así grandes ampollas. Este es el principal síntoma del herpes zóster. Tras las ampollas se sucede una fase costrosa, que es la fase final de la lesión cutánea donde el riesgo de infección de las lesiones es mucho menor.
  • Antes de la aparición de las vesículas pueden surgir trastornos gastrointestinales, malestar general, fiebre y dolor de cabeza. Después se presenta dolor en el nervio afectado, que precede en 2-3 días a la aparición de las vesículas.
  • El dolor es una de las características de esta dolencia, e incluso puede aparecer hasta 2-3 días antes de que broten las ampollas. Se debe a la afectación inflamatoria que produce el virus precisamente en los ganglios donde permanecía en estado latente.
  • Una de las complicaciones más importantes del herpes zóster es la neuralgia postherpética, que puede ocurrir hasta en un 50% de las personas mayores de 50 años, y ocasiona un dolor permanente o intermitente en el nervio afectado, incluso durante más de un año de pasado el episodio cutáneo. El dolor puede empeorar por la noche o con los cambios de temperatura. En algunos casos llega a ser incapacitante, y puede acompañarse, además, de un déficit de sensibilidad del nervio afectado. Esta es una de las secuelas más comunes de la infección por herpes zóster. Es más frecuente cuando no se trata con antivirales el zóster, en mujeres y cuando la afectación es oftálmica. En contra de lo que se puede pensar, no es más frecuente entre los inmunodeprimidos.
  • Si el virus se aloja en nervios craneales, puede llegar a afectar a los párpados y poner en peligro la visión. Se produce una queratitis que puede continuarse con glaucoma o iridocilitis grave.
  • En ocasiones poco frecuentes, se ve afectado el nervio mandibular. Ello ocasiona lesiones en el paladar, amígdalas, suelo de la boca e, incluso, en la lengua, y de este modo se pierde el sentido del gusto.
  • Al igual que el herpes simple, puede llegar al sistema nervioso central y causar meningitis (que ocasionará fiebre, dolor de cabeza y rigidez de nuca). Puede llegar a ocasionar parálisis motora como consecuencia de la infección de la médula espinal.
  • Otras afecciones neuromusculares asociadas al herpes zóster son:
    • Síndrome de Guillain-Barré: las extremidades presentan dolor, debilidad y parálisis. Este cuadro va progresando, ascendiendo hacia el tronco y la cara. Su evolución es variable; algunos pacientes tienen síntomas mínimos y otros, en cambio, pueden requerir ingreso hospitalario por debilidad de la musculatura respiratoria. Finalmente se resuelve espontáneamente en unas semanas.
    • Mielitis transversa: es una inflamación de la médula espinal. Se manifiesta con alteraciones sensitivas y motoras, que después evolucionan a parálisis de una o ambas piernas. En la mayoría de los casos la progresión de los síntomas se estabiliza en unos 10 días. No existe un tratamiento del todo eficaz, y su recuperación nunca es completa.
    • Miositis: inflamación de un músculo, que conlleva dolor y, si se deja evolucionar, puede producir necrosis.

Herpes zóster y el SIDA

En los últimos años se ha observado que el herpes zóster es una infección muy frecuente en personas con sida. En estos pacientes la enfermedad se presenta de forma más agresiva de lo normal. La formación de lesiones puede perdurar durante dos semanas.

La duración total de la enfermedad suele ser de dos-diez días, no obstante, pueden transcurrir de dos a cuatro semanas hasta que la piel llegue a recuperar su aspecto normal.

Por lo general, el diagnóstico del herpes zóster se basa en la historia clínica y la exploración física del paciente. Para un diagnóstico definitivo se necesita el aislamiento del virus en las muestras de tejido de las lesiones cutáneas.

En casos de presentación atípica y en algunos casos de herpes zóster en inmunodeprimidos se puede recurrir al test de Tzanck, que consiste en obtener una muestra de líquido de las ampollas para cultivo e identificación del virus mediante una serie de pruebas de laboratorio. Su principal duda diagnóstica la ofrece la afectación cutánea del virus del herpes simple, que en ocasiones puede provocar lesiones ampollosas similares.

La realización de serologías es uno de los métodos más seguros para establecer el diagnóstico definitivo. Esta prueba sirve para confirmar la existencia de anticuerpos específicos contra el virus varicela-zóster en la sangre del paciente.

Aunque en este caso, al ser el mismo virus que la varicela y la gran mayoría de la población está vacunada o ha padecido la enfermedad, los anticuerpos estarán presentes siempre. Por este motivo no se suele realizar esta determinación. Puede tener utilidad en casos en los que se desconoce si se ha vacunado o padecido la varicela previamente.

Cuando el herpes zoster afecta a los ojos, hecho de especial importancia por las complicaciones que conlleva, el diagnóstico requiere un examen minucioso por el oftalmólogo. En estos casos suele ponerse de manifiesto la presencia de úlceras corneales a la tinción con fluoresceina.

En el caso de que exista afectación del sistema nervioso (encefalitis herpética) será necesaria una punción lumbar para examinar el líquido cefalorraquídeo, y realizar la prueba de la PCR frente a este virus, además de alguna prueba de imagen (ya sea TAC o RMN).

No es posible eliminar el virus del herpes zóster del organismo mediante ningún tratamiento, aunque si se pueden tomar determinados medicamentos para aliviar o disminuir los síntomas y recuperarse lo antes posible.

Tratamiento en ungüento y tabletas por vía oral.

El tratamiento con aciclovir se acepta para la varicela y el herpes zóster. Este medicamento, administrado por vía oral durante 7-10 días, es muy beneficioso para pacientes con una reactivación del virus varicela-zóster. Su complicada posología lo relega solo a tratamientos intravenosos en casos complicados.

Otros fármacos que también son muy útiles como tratamiento del herpes zóster, son el famciclovir y el valacilovir, que ofrecen muchas ventajas en cuanto a su administración, ya que requieren menor dosis diaria. Desde hace unos años se emplea la brivudina mediante una dosis al día durante una semana con un índice de resolución de las lesiones cutáneas muy alto, y una disminución importante de la incidencia de neuralgia posherpética.

Se debe también realizar un tratamiento tópico sobre las lesiones cutáneas con el fin de acelerar el proceso de costra y evitar las molestias y las sobreinfecciones. Para ello se suelen aplicar fomentos de sulfato de zinc diluidos. Es importante evitar la ropa ajustada que roce con las lesiones pues puede generar molestias y enlentecer el proceso.

Si existe afectación ocular, se debe derivar al paciente al servicio de oftalmología, donde le pautarán aciclovir tópico y sistémico para el tratamiento de su herpes zóster.

En casos especiales, como en pacientes con SIDA u otros estados de inmunodepresión, el aciclovir debe emplearse por vía intravenosa, por lo que requerirán siempre hospitalización. De esta forma se reduce la posibilidad de que aparezcan complicaciones posteriores.

Si existe neuralgia posherpética lo más importante será el uso de analgésicos para el alivio del dolor. Se han empleado para ello el clorhidrato de amitriptilina y el clorhidrato de flufenacina.

Otros, indicados para la epilepsia, como gabapentina y pregabalina, son eficaces en el control del dolor. También se emplean análogos opioides como el tapentadol, con una buena tolerancia y un menor índice de efectos adversos que los opioides convencionales, así como parches de lidocaína sobre la zona dolorida, pero ya sin ampollas ni costras.

También se ha demostrado que el uso precoz de glucocorticoides ha acelerado de forma muy significativa algunos aspectos relativos a la mejoría de la calidad de vida del paciente, como son el retorno a la actividad habitual y la interrupción del tratamiento analgésico.

Para poder prevenir el herpes zóster, lo principal es evitar la infección que causa la varicela y, para ello, es importante la vacunación de todos los niños. En la actualidad existe una vacuna que resulta muy efectiva y no entraña peligro.

Las personas con mayor probabilidad de ser infectadas de herpes zóster son las que integran el equipo médico que atiende a los pacientes. Se ha comprobado, además, que las secreciones de las vías respiratorias de los afectados son una forma importante de contagio, al transmitir el virus de persona a persona a través del aire, por lo que es imprescindible que el personal sanitario utilice guantes y mascarillas, y se lave las manos con frecuencia.

La administración de inmunoglobulina específica para herpes zóster previene la infección si se aplica dentro de los primeros tres días de la exposición al virus. Está indicada en pacientes menores de 15 años, sin historia previa de varicela, con leucemia u otros estados de inmunodepresión, que hayan estado en contacto reciente con un paciente infectado. También debe protegerse al recién nacido cuya madre haya presentado varicela en los últimos 10 días antes del parto.

 

Del mismo modo, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) lleva tiempo aconsejando que se vacune a los mayores de 60 años como método efectivo de prevención del herpes zóster y, especialmente, de su mayor complicación, la neuralgia post herpética. Esta vacuna, que en España existe de 2014, está recomendada sobre todo en personas con el sistema inmune debilitado, en pacientes con diabetes, EPOC o insuficiencia cardiaca crónica.

Como prevención de las complicaciones del herpes zóster, cabe destacar que el inicio de tratamiento antiviral en las primeras 48-72 h de aparición de los síntomas disminuye considerablemente la incidencia de neuralgia posherpética. Asimismo, el cuidado de las lesiones ampollosas con las soluciones tópicas y con ropas amplias también provoca evoluciones más favorables evitando sobreinfecciones por bacterias de la piel. Vía WebConsultas.com – https://twitter.com/VENPRENSA – https://www.instagram.com/venprensa/ – @venprensa – SNNV

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