CONTACTO SALUDABLE: ¿Por qué crujen los dedos?

Es un crujido seco, vacío y repetitivo. Tan liberador para quien lo hace, como escalofriante para quien lo escucha. Para muchos, una costumbre inocua; para otros, un vicio repulsivo que les produce grima. Así es el chasquido de los nudillos. Muchos encuentran alivio en ese ‘crack, crack, crack’ que escuchan cuando aprietan con fuerza la articulación. Los hay que entrelazan ambas manos y estiran los dedos de una de ellas hacia atrás lo máximo posible, una escena mil veces repetida en películas cuando los pianistas se preparan para empezar a tocar; también están los que presionan con una mano los dedos de la otra, apretándolos hacia el interior, un gesto que en ciertas culturas se considera amenazador y desafiante antes de iniciar una pelea; y otros optan por coger uno de los dedos y estirarlo hasta que escuchan el ansiado ‘crack’. Algunos tienen el hábito tan interiorizado que no pueden parar de hacerlo, como el que explota plástico de burbujas.

En general, las articulaciones hacen un sonido audible cuando se estiran o manipulan debido al gas atrapado en el líquido sinovial, un fluido viscoso que sirve de lubricante y amortiguador entre los tejidos del interior de la articulación. Pero, ¿qué ocurre realmente para que se produzca el crujido? Numerosos estudios han tratado de arrojar algo de luz sobre un gesto sonoro que unos detestan tanto y otros no pueden vivir sin provocarlo.

Recientemente, un grupo de científicos ha aplicado las simulaciones y las matemáticas que describen el comportamiento de los fluidos para tratar de desvelar la misteriosa causa del crujido. En un artículo publicado en ‘Scientific Reports’, investigadores de la Escuela Politécnica de París (Francia) y de la Universidad de Stanford (EE UU) concluyeron que el chasquido se produce por el colapso (aplastamiento) parcial de burbujas microscópicas presentes en las cápsulas articulares de los nudillos. «Puede haber muchas burbujas implicadas, pero nosotros hemos demostrado que el aplastamiento de una sola, provocado por un cambio de presión, es suficiente para generar el sonido», explica Abdul Barakat, coautor del estudio en la Politécnica parisina.

Su teoría contradice los planteamientos de otra investigación publicada en 2015 por la Universidad de Alberta (Canadá), que sostenía que el chasquido tenía lugar cuando se formaban las burbujas, no cuando explotaban. «Hasta ahora, todos los trabajos previos estaban basados en técnicas de observación y de toma de imágenes, por eso hemos intentado construir un modelo matemático para describir el fenómeno físico que rige todo esto», aclara Barakat.

Un asunto «controvertido»

Para Miguel Villafaina, presidente del Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España, no deja de ser un tema «controvertido», con teorías que tradicionalmente han advertido de los efectos perjudiciales de esta costumbre, hasta las contrarias, que descartan cualquier consecuencia para la salud de quienes la practican. «Lo cierto es que, sin ser catastrofistas, lo que en la práctica clínica vemos a diario es que los pacientes que acostumbran a chasquear los nudillos pierden fuerza y tienen una tendencia a la inflamación, lo que reduce la eficacia de sus movimientos -sostiene-. El que está habituado a hacerlo tiene que evitarlo, porque no es bueno».

Durante décadas han sido constantes las advertencias a los hijos para que no chasquearan los nudillos ante el temor de que pudiera degenerar en una artrosis. Uno de los primeros en estudiar esta posibilidad fue el científico Robert Swezey, que en 1975 analizó el estado de las articulaciones de un grupo de 28 ancianos que solían hacer sonar sus nudillos. No encontró ninguna relación entre su particular afición y el desarrollo de artrosis, más allá de la media estadística. Otros fueron más originales y se convirtieron en conejillos de indias, como el científico Donald Unger, que se utilizó a sí mismo en un experimento que duró sesenta años para probar si provocaba artritis, tal como le repetían su madre y su abuela. Unger se crujió durante esos años los nudillos de la mano izquierda mientras que dejó tranquilos los de la derecha. Finalmente, comprobó que no había desarrollado artritis y publicó el estudio con todo rigor en una revista de la Sociedad Estadounidense de Reumatología. El mismo le valió un premio IG Nobel por lo absurdo del estudio.

Burbujas en el líquido sinovial presente en el espacio interarticular.

Produce «liberación»

A día de hoy, los especialistas coinciden en que no es una práctica recomendable para repetirla continuamente de forma caprichosa. «Hay que intentar evitarla. Sobre todo en los niños, que están en pleno desarrollo y pueden acabar padeciendo alguna lesión con el tiempo», advierte el osteópata Domingo Sánchez. Asegura que quienes acostumbran a crujir los nudillos suelen ser ellos mismos los que provocan la alteración de la articulación, moviendo repetidamente el segmento óseo, para luego normalizarla. «La primera vez que lo hicieron se sintieron bien y su cuerpo lo asimiló como algo positivo, pero la autonormalización continuada lleva consigo un desgaste articular producido por una merma en el líquido sinovial de la articulación. Por tanto, bueno no es. De hecho, es abrirle el camino a una futura artrosis y malformaciones en los segmentos», aclara Sánchez. Argumenta que esta práctica, cuando no está asociada a causas como malas posiciones, a una falta de hidratación o a una sobrecarga por el uso profesional, acaba convirtiéndose en un hábito, porque a los ‘adictos’ les produce liberación y buscan sentirla de nuevo. Vía ElNorteDeCastilla.es – https://twitter.com/VENPRENSA – https://www.instagram.com/venprensa/ – @venprensa – SNNV

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